El universo en su mirada.

¿Alguna vez se han preguntado de qué estamos hechos? Somos cuerpos que andan sobre la tierra como cascarones vacíos, o somos seres espirituales dentro de un vehículo que usamos como cuerpo. Yo sí, yo sí me he hecho esa pregunta miles de veces, y siempre parecía que la respuesta era la misma. Un animal como cualquier otro, un mamífero que fue creado a base de células, bacterias y siglos de evolución. Nada mágico o milagroso, sencillamente un accidente, una coincidencia, fue más o menos así; un día, un montón de cosas se encontraron en el mismo lugar, cosas como gases, carbono, y no sé que otras, y todas se mezclaron y resulto una célula, bien, en este punto ya saben que no sé nada de lo que esta hecha una célula, pero supongamos que de eso esta hecho, es solo para el ejemplo. Entonces esa célula, se dio cuenta que era muy pequeña para sobrevivir y tuvo que evolucionar, por supuesto que no fue inmediato, años y años de evolución, pero ustedes me entienden a donde voy.

Así que de repente estamos aquí, como lo están los animales y las plantas y los insectos, la única diferencia es que evolucionamos de acuerdo a nuestras necesidades, ellos tuvieron unas y nosotros otras. Eso era lo que yo creía. Hasta que la conocí, era hermosa e inteligente, capaz e inquebrantable, su piel parecía tallada por el cincel de Corradini, sus manos eran pequeñas y modestas.

Parecía inalcanzable para mí, demasiada belleza y demasiada bondad, era hermosa por fuera y aun más por dentro. De todo lo que la hacía ella, su mirada era lo que me atrapó por completo. Era pura, y su profundidad era abismal, contenía el brillo de la creación, y miles de estrellas.

Era tan poderosa que el universo mismo yacía dentro de sus ojos, su mirada era el portal por el qué se podía admirar. Uno al mirarla sentía las millones de galaxias girando, viviendo, existiendo.

Al encontrarse mis ojos con los de ella, la vulnerabilidad me poseía y bien podía morir por no poderme proteger de su mirada, pero, ¿Quién lo haría? Todos morirían siendo felices, si los ojos de ella fueran su tumba.

He olvidado mis convicciones, aquellas que me decían que no existe lo divino, y es que mi propia necesidad de creer solo en lo que puede verse, me ha llevado a ese universo dentro de su mirada, no puedo no creer si ya la conocí a ella. Moriré en paz y complacido, dejaré este mundo para vivir en el universo, y lo haré junto a ella, sus ojos serán el camino y su mirada el portal, amarnos será el destino y nunca tendrá final.

¡Gracias Norma!

¡Gracias Lía!

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