PADRE.

-¿Puedo sentarme a tu lado?

-Seguro, siéntate.

-¿Y… qué haces?

-Solo he venido a tomar una taza de café mientras veo el atardecer. ¿Y qué hay de ti?

-Bueno, hace tiempo que no te veía, y se me ha cruzado por la cabeza venir de visita.

-Pues bienvenido, supongo.

-Gracias, no quiero importunar. Han pasado 18 años, desde… ya sabes, desde que me fui. Y no sabía como me recibirías, si te caería en gracia verme de nuevo, pero deseaba verte aunque fuera unos minutos, claro, si no te importa.

-Me da gusto verte, y no debes preocuparte, no me molesta que vengas, siempre eres bienvenido.

-De acuerdo, ¿Estás enojado conmigo? Por… por haber muerto.

-No. A decir verdad no sé que siento, pero sé que no es enojo, es un vacío de no sentir nada, no puedo enojarme, ni extrañarte. Aunque ahora que lo pienso, eso es lo que siento, vacío, nostalgia, necesidad.

-Perdóname, por favor. No quería dejarlos solos.

-No tienes nada de qué preocuparte. Pasó lo que pasó, y no hay marcha atrás. Crecí sólo y desesperado, no sabes las ganas que tenía de correr, de llorar. Quería despertarme del sueño extraño que se mezclaba entre pesadilla y realidad. Pero no era un sueño, y no pude despertar. Las lágrimas no salieron, no salen y nunca saldrán, pero no ha sido por falta de intención, sencillamente no les da la gana de brotar. Así que he dejado de intentar, mis ojos secos desean quedarse así y no veo porqué obligarlos. Pero cambiemos de tema, dime. ¿A qué te dedicas ahora?

-Bueno, estoy muerto, pero si te refieres a si ando flotando por ahí asustando personas. No, no hago eso. Me dedico a viajar a través del universo, visitando planetas, y recostándome en la hierba, que por cierto en otros mundos hay de varios colores, y también disfruto oler el perfume de las flores, eso es a lo que me dedico, por decirlo de alguna manera.

-Parece que ahora vives más que antes. Eso me alegra, mucho.

-Hijo, la muerte solo es una puerta que hay que cruzar para seguir viviendo, no hay fin, no ha principio, pero sí destinos y viajes.

-Siempre lo supe, pero creo que al fin empiezo a creerlo. ¿Sabes? Mamá estaría feliz de estar aquí ahora. Ella te extraña, se le humedecen los ojos cada vez que escucha tu nombre. ¿Tú no la extrañas?

-No, pero no me mal entiendas, no la extraño porqué haya dejado de quererla, sino porque cada noche paso horas y horas charlando con ella, aunque cuando despierta, ella cree que ha sido únicamente un sueño.

-Creo que es lo mejor, más sano. La ilusión de un sueño perfecto se disfruta más que la realidad, no importa si es igual de hermosa. Creer que ha sido algo mágico o milagroso nos hace valorarlo más y lo atesoramos con mayor celo. Una fantasía lo hace más de ella.

-Es verdad. ¿Sabes qué disfruto mucho? Cuando hablas a tus amigos de mí y les dices << Mí padre habría dicho esto, o habría hecho aquello. >> Me haces parecer sabio, aunque tu y yo sabemos que la mitad de las cosas las dices tú o las haces tú, solo les pones mi nombre, me conviertes en autor de tus obras. No sé la razón por la qué lo haces pero gracias.

-Tú nombre es más grande que el mío, si lo dices tú no habrá duda.

-Yo solo soy un hombre con miedo, siempre tuve miedo, de dejarlos, de no poderles proteger, de no ser buen padre. Y mira lo que resultó, te he dejado sólo, desde niño.

-Lo único que sé es que eres mi padre, y eso me basta.

Dedicado a la memoria de mi padre y a esa charla que nunca tuvimos.

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