Amor, miedo, fe y esperanza. (Parte 2)

Clarissa no lo podía notar, pero de entre toda la oscuridad que la rodeaba, al menos ya era posible ver alrededor de su figura. Sus manos, sus pies, su cuerpo, ahora eran visibles para ella, aunque más allá de eso, todo seguía igual de perdido en el abismo.

La voz del ángel dejó de escucharse. Eso poco importaba, al menos para Clarissa, que sumergida en su propio sollozo, no percibió que se quedaba sola.

-Y entonces, el amor no es el amor que tú pensabas. El amor es la libertad de poder decidir enamorarse, no la necesidad de estarlo. Parece que lo entiendes. Sin embargo, no te da la gana de aceptarlo. No, al menos en totalidad.

-Déjame en paz, no me sirve de nada tus palabras, ya estoy muerta, el tiempo se acabó, y mis fuerzas también. Arrepentirme… Ya no me da nada, es tan innecesario como nuestra charla. ¿Para qué quiero saber de amor? ¿Para qué? Si ya no puedo amar a aquél del qué me enamoré.

-El que vino a hablar de amor ya se ha ido, yo te pregunto; ¿Qué es la fe?.

-Ja, ja, ja. La fe… ¿Qué es la fe? -carcajeó Clarissa en tono sarcástico. -La fe, es el más grande engaño que ha existido. Es una linda manera de tenerte como imbécil deseando algo que nunca tendrás.

-¿Eso crees? Te consideras entonces, una persona capaz de tomar su propio destino entre las manos y moldearlo a su antojo. No pareces alguien así.

-Un ángel que juzga, eso sí que nunca lo vi venir.

-No te juzgo, no soy quien deba hacerlo, pero sí que puedo hablar de lo que observo. No hay nada de malo en eso. Si es verdad, nada lo ocultará y si es mentira, nada lo hará real.

-Me estoy empezando a fastidiar de todos ustedes. Pero supongo que no te irás hasta que te diga lo que pienso, bien, pues… No lo sé, desconozco lo que es la fe. Es… creer sin tener en que creer, orar antes de dormir hasta el cansancio, y sin importar cuanto luches por mantenerte despierta, al final las lágrimas siempre vencen. ¿Y para qué? Cada maldita noche recitaba cada oración que me sabía de memoria y al terminar continuaba con los rezos de los libros que adornaban la pared, ¿Y sabes qué? Al despertar era la misma bazofia de vida. Nada había cambiado y nada lo hizo.

-Suena a que orabas sin creer que funcionaría. ¿Entonces, por qué hacerlo?

-Deseaba que Dios me salvara. Podía verlo bajar y llevarme hasta mi nueva casa, que era enorme y hermosa. Si cierro los ojos, aun puedo ver los verdes jardines de la parte de atrás.

-Creo que confundiste a Dios con un genio dentro de una lámpara.

-Vaya, los ángeles también hacen bromas. Y como sea, no funcionó. Me vi obligada a pasar noche tras noche besando una piel que no me atraía. No importaba lo mucho que me cuidara, ni sus poemas o la forma tan dulce en qué me miraba. No me logré enamorar.

-Bueno, te diré algo. La fe no es una herramienta que puedas usar para cumplir tus caprichos. Tú debes levantarte cada mañana y hacer una pequeña acción que te acerque a tu destino, tomar una pequeña decisión cada día. No se necesita más.

-Yo debía hacerlo. ¿Es eso correcto? Entonces ¿De qué sirve orar? Sólo me das la razón, ángel de la fe. Orar para que al final yo termine haciendo todo. -Clarissa sonrió con un aire de ego, sintió que le ganó una batalla al ángel.

-La fe sirve para solicitar la ayuda de Dios, el universo es infinito, no serás tan egoísta de pensar que eres la única, ¿O sí? Cada acción que tú ves, cada pequeño acto, fue planeado hace miles de años y por ende es una consecuencia de una acción anterior. Al despertar cinco minutos tarde por la mañana, te pueden poner frente a un auto en la carretera y ser arrollada, por la urgencia de salir corriendo. Todo tiene una consecuencia, es por eso que debes levantarte dispuesta a crear tu destino, mientras tanto la fe ayudará a que las estrellas y las piezas infinitas del universo giren y giren, hasta quedar ensambladas en el sitio justo.

-Es una excelente revelación, pero llega tarde. ¿Qué se supone que deba sentir? ¿Quieres que diga lo mucho que me arrepiento? ¿O que prometa que no lo volveré a hacer? Como sea, gracias por tu ayuda, y no te ofendas, pero justo ahora no cambiará nada. Ya no hay vida que corregir, no hay decisiones que cambiar.

-¿Cambiarías algo, si pudieras?

-Lo cambiaría todo.

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