Amor, miedo, fe y esperanza. (Final)

Clarissa y el ángel reían, realmente parecían ser amigas, lloraban, pero no de dolor, era de emoción, de nostalgia. La oscuridad poco a poco era tragada por la luz de Clarissa y ella no podía notarlo, su atención seguía puesta en lo que sucedió en el pasado, en sus hijos y su madre.

Llegó un momento en que era tanta la profundidad de sus recuerdos, que la alejaron de la realidad, al grado de pasar por alto el hecho de hallarse sin compañía. Pero, hace unos momentos su risa tenía compañera. ¿Qué fue que pasó? Clarissa seguía nadando en su remembranza, nada la hacía poder volver, al menos nada pequeño, y lo que venía no era en lo absoluto pequeño.

¡Todo comenzó a temblar, lo que estaba debajo y lo que estaba encima, de las lejanías venían relámpagos que ferozmente iluminaban todo como queriéndolo incendiar, volverlo cenizas, reducirlo a nada!

Clarissa quedó envuelta en miedo y confusión, ¿Se puede morir después de muerto? No lo sé, pero ella sentía que su propia existencia se volvía polvo. ¡El pánico se le metió dentro, cómo si aun existiera un cuerpo que envenenar!

-¡Aquí estoy! -Gritó una terrible voz que con su estruendo hizo iluminar el universo. -Me querías frente a frente, según tú, para escupirme en la cara. ¡Hazlo! Aquí me tienes…

-¿Quién e-e-res? -Preguntó Clarissa tartamudeando. No podía hablar, el miedo era demasiado, más que ella.

-¿No sabes quién soy? ¿Acaso deseas escupir en el rostro de más de uno? o ¿Temes hacerlo? Aceptar que me tienes de frente.

Clarissa era víctima del horror que le causaba la voz, esa que iluminaba todo en cada palabra que pronunciaba.

-N-no sé quién eres… No recuerdo haber deseado escupir en ti. Perdón si te… ofendí…

-¿Perdón? Me pides… ¿Perdón? Ni siquiera sabes quién soy y me pides perdón… Pues no lo quiero, por que no es por arrepentimiento de tu ofensa, ¡Es por miedo!

Clarissa deseaba morir, ese efecto le producía la voz, si ella pudiera quitarse la vida, lo haría. Simplemente ese temor no era normal, sobrepasaba todo. Lo inimaginable se volvía realidad.

-¡No sé quién eres! ¡¿No lo entiendes?! -Gritó desesperada. Se levantó y corrió huyendo, como si hubiera un lugar a donde ir… Y es que… ha olvidado que ya no hay vida que perder, ha sido tanto su miedo. Y la voz, la seguía y cada vez se acercaba más, le llamaba por su nombre << ¡Clarissa! >> Le gritaba. Y Clarissa no se detenía. Todo era oscuridad, y no había donde esconderse.

-¿Olvidas que esto es la nada? Clarissa. Aquí no hay a donde ir, ya has corrido suficiente, ahora debes encarar.

-¡Por favor! Por favor… No me hagas daño, te lo suplico. -Imploró Clarissa, con sus ojos llenos de gotas de miedo. Y su alma estrujada, cual hoja de papel.

-¿Hacerte daño? Yo no quiero hacerte daño, sólo quiero que dejes de temer.

-Dime quien eres… ¿Lo harás? -Dijo sollozando.

-Esperaba que supieras quién soy. -Suspiró la voz decepcionada. -Soy Dios, he venido a verte y a darte la oportunidad de escupirme en la cara. Eso era lo que querías ¿No?.

-¡No! No quiero eso, lo he dicho una vez que me invadía la impotencia y la desesperación.

La voz de Clarissa temblaba, no lograba centrarse, las emociones casi le ganaban y ella no podía evitarlo.

-¿De verdad? ¿Me vas a mentir a mí? Claro que lo quieres, solo temes hacerlo, como siempre lo has hecho. Miedo y pánico, temor y horror, siempre te poseyeron, que debo agregar, por decisión propia. Al menos ten valor ahora, que ya no hay nada que perder.

-Lo siento, de verdad lo siento… -Dijo una Clarissa abnegada.|

-¡No seas hipócrita! Al menos quítate la careta que no soporto la falsedad. ¡Ten valor!

-¿Me llamas cobarde? Eso es lo qué haces… señalar. Imponer tu voluntad, como sol que quema a las hormigas.

-¿Crees que señalo y luego destruyo? ¿Cierto? pero no. No es así. Te doy la libertad de elegir, siempre fue de ese modo, y tú elegiste ser una víctima, permitiste que todo te sucediera y luego me culpaste, así tus manos estarían limpias. Ensuciaste las mías, según tú. Es mejor que Dios sea un villano, ¿No lo crees?

-Y si eres Dios, ¿Por qué me hablas así? ¿Por qué me lastimas?.

Clarissa estaba por romperse, su espíritu pendía de un hilo tan delgado como la tela de una araña. Su voz se entrecortaba por un llanto de dolor, ¿Pero… era por las palabras que recibía? o ¿Por qué no podía esconderse más?

-Por que quiero que dejes de fingir, ya es suficiente. -Respondió con voz serena.

Clarissa se sintió descubierta, no se podía ocultar más, ni tampoco evadir la realidad. La farsa debía terminar.

-Siempre desee que existieras, lo digo de verdad, pero no lo creía. No después de ver a mi padre morir y de tener que trabajar día a día. Mamá estaba enferma y cansada, sufría. Yo rezaba cada noche y nunca apareciste. Porque se supone que debía rezar ¿No? ¿De agradecerte un día más? Un día más de porquería para dormir en un maldito colchón viejo. ¡¿Sí?! ¿¡Eso debí hacer?! ¡Dime! ¿Y cómo debería de ser? -Preguntó en tono de burla. -“Querido Dios, mi vida vale menos que deshecho de perro, gracias por eso” ¿Sí? ¿Así debió ser? ¡Contesta!

-¡¿Tú crees que necesito aduladores?! ¡Pequeñas personas que recitan oraciones de memoria pero no de corazón!. ¡Hipócritas que usan mi nombre para juzgar o enriquecerse!. ¡Abusadores que se visten de mis colores solo para mancillarlos!. ¿Sabes que quería que hicieras? ¡¿Sabes?!

Salió un relámpago que lo iluminó todo y su trueno ensordeció la propia existencia.

-Quería que fueras feliz, por eso te di el don que tanto me pediste. -La voz que venía de Dios bajó su intensidad a un tono sereno y protector.

-¿Don? ¿Qué don? Sólo era bonita y me valió para venderme. -Lloraba Clarissa entre cada palabra.

-Tú así lo quisiste, yo no. Desde pequeña soñabas con flotar en el viento, acariciar la luz que caía del cielo azul. Soñabas con saltar de estrella en estrella por toda la eternidad. Ese era tu sueño, y es lo único que en realidad me pediste. Por eso te di el don que tienen las bailarinas, crear arte con los movimientos de su cuerpo, sentir más que cualquiera, y poder rozar la sensibilidad. Pero tenías miedo.

Clarissa no tenía palabras, no podía responder. Y sólo pudo hacer lo que quedaba; romperse. Su orgullo se hizo añicos, al igual que su soberbia. Sin embargo, la luz que salía de su interior se incremento del tamaño del infinito. La oscuridad se terminó.

-Aun tengo miedo, ¿Y si no fuera la mejor? ¿Qué haría entonces?

-Si no fueras la mejor, entonces tendrías que esforzarte por serlo. Luchar cada día, no hay más soluciones, no hay más milagros que la pureza de ser quien eres, cueste lo que cueste.

-Ya estoy muerta, de poco me sirve saber la verdad. -Respondió Clarissa, que más que emocionada, se notaba triste. Pudo ser quien ella deseaba, pero no lo fue por que no lo quiso. Desear algo no te lo da, quererlo te acerca, todo depende de qué tanto quieres lo que quieres. ¿Qué estás dispuesto a hacer, para ser tú?

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