MI DULCE INVIERNO (PARTE 3)

Inmóvil y helado, lo único que podía hacer era pensar y escuchar. Ella, por su parte, hablaba y se liberaba.

<< Y así es, cómo he dicho. Y por supuesto, seré justa y aceptaré que después de sacar la frustración y el dolor que presionaban mi pecho, las cosas ya no parecen ser tan malas. Es verdad que la situación continua, y continuará por algún tiempo, pero al menos ya no me esclaviza. Y dime algo, ¿Por qué has hecho lo que has hecho? ¿Qué te hizo salir en una tormenta así? ¿Por qué arriesgaste tu vida? No pareces del tipo de persona que haga locuras sin sentido, creo que debiste tener razones fuertes.

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Sé que yo no debo ser la más indicada para dar un consejo, al menos no de este tipo. Me das mucha curiosidad, quisiera saber que te apasiona, es decir, ¿Pintas? ¿Escribes? Mmm… ¡Ya sé! Eres músico… ¿No? bueno, quizás no seas artista, quizás sólo sientes, cómo yo. Quizás sólo somos un par de ingenuos que se quejan de todo y eso los ha traído hasta aquí, a un frío y helado auto, que se ha quedado atrapado en el camino. Pero qué par de tontos… ¿Cierto? ¿Qué estábamos pensando? Esto puede ser la muerte, para los dos… o no, tal vez es un reajuste, una forma de re-comenzar, espero, quiero tener fe, quiero creer que a pesar de todo, esto es una nueva oportunidad…

Me da miedo pensar que mañana no pueda abrir los ojos, ¿Qué tal si muero? Me aterra la idea de no haber tenido la vida que soñé, no soy tonta, sé que la vida se construye cada día, en cada decisión de cada oportunidad, y yo no lo he hecho. Me he dedicado a quejarme, a ser una víctima. Y eso… eso me duele, me duele más que el daño que cualquiera me pudo haber hecho, me duele porque yo me lo hice a mí. Me quejé de que a nadie le importé y al mismo tiempo tampoco me importé yo a mí misma. ¿Y ahora?

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Si me estás escuchando, seguramente pensarás que soy tan ingenua. Me da pena, me da pena ser tan tonta, pero ya no lo seré. Me prometo que dejaré de ser una víctima y si sobrevivo… ¡No! no es “si sobrevivo” ¡Yo viviré! y lo primero que haré será invitarte una taza de café y descubrir quién eres, qué haces y si es verdad que eres músico, o escultor, quién sabe, quizás esas manos son de alguien que da vida a esculturas de piedra, que con su talento le roba la frialdad y le da la calidez de la vida. Puede ser, si aquí estamos por un error que no es error, y es que ya no lo es, si gracias a ese nos hemos conocido. No sé quien eres, ni sabes quien soy, pero somos dos que han de ser uno >>

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