Marianne.

Me enamoré de ella, lo reconozco, no debí hacerlo, pero no lo lamento. Fue de la manera en que suele ser casi siempre. Comenzó con un intercambio de sonrisas, de esas que te hacen sentir bobo, de esas que te ganan y se salen de tu alma por tu rostro sin que puedas evitarlo. Recuerdo […]